lunes, 27 de abril de 2026

AVANZAMOS EN TODO...MENOS EN LO ESENCIAL

 

Avanzamos en todo menos en lo esencial.Portada articulo Positivossiempre


Vivimos en pleno siglo XXI.

Con avances tecnológicos que, hace no tanto, parecían ciencia ficción.

Inteligencia artificial.

Automatización.

Drones.

Velocidad.

Todo cambia… todo avanza.


Pero hay algo que no parece haber cambiado tanto.

La esencia del ser humano.

Hace más de 500 años, Nicolás Maquiavelo describía comportamientos, decisiones y formas de actuar en El Príncipe que, en muchos aspectos, siguen vigentes hoy.

No en todos.
No en cada persona.

Pero sí, en líneas generales.

Y no es casual que, a lo largo de la historia, ese libro haya sido estudiado y utilizado por distintos líderes para entender cómo influir y manejar a las masas.

Seguimos viendo cómo temas importantes
se discuten como si fueran un partido de fútbol.

De un lado o del otro.
Sin espacio para pensar.

Cada vez más intolerancia.
Más violencia.
Más reacciones sin reflexión.

No hace falta ir muy lejos.

Alcanza con leer las noticias.
Con prender la televisión.

Narcotráfico.

Asesinatos y hechos de violencia.

Conflictos.

Decisiones tomadas desde el impulso.

Donde muchas veces el “yo” está primero…
y el resto deja de existir.

Y no se trata de buscar culpables.
Ni de entrar en discusiones políticas.

Se trata de algo más cercano.

De cómo estamos viviendo.
De cómo reaccionamos.
De cómo convivimos.


En otro momento hablé de lo que pasa cuando actuamos sin pensar.

Pero hoy la pregunta va por otro lado.

En medio de tanto avance…

¿estamos creciendo como personas
o solo como sociedad tecnológica?

¿De qué sirve avanzar tanto
si en lo esencial seguimos igual…
o peor?

Y, sobre todo:

¿Qué estamos haciendo cada uno
desde su lugar?

Porque es fácil pensar que todo está perdido.
Que no hay solución.
Que es una utopía.

Pero mientras estemos acá…
eso no es del todo cierto.

Quizás no se trate de cambiar el mundo entero.

Pero sí de algo más concreto.

De cómo hablamos.
De cómo pensamos.
De cómo tratamos al que tenemos al lado.

De defender nuestras ideas, con argumentos, sin atacar a las personas.

De empezar por uno.

No desde la imposición.
Ni desde tener la razón.

Sino desde la conciencia.

Porque, al final,

el mundo que viene
no lo van a definir solo los avances tecnológicos…

lo vamos a definir nosotros
con lo que hacemos todos los días.

Y si hay algo que todavía tenemos…

es la posibilidad de elegir
cómo queremos dejarlo.

sábado, 25 de abril de 2026

UN MISMO MISTERIO. DISTINTOS CAMINOS

 



Hay preguntas que no tienen una única respuesta.

Y quizás ahí está lo más honesto.


A lo largo de la historia, distintas religiones, corrientes filosóficas y pensadores intentaron responder lo mismo:

¿Para qué estamos acá?
¿Qué sentido tiene la vida?
¿Existe algo más allá de lo que vemos?

Las respuestas no son iguales.
Pero tampoco están tan lejos como a veces creemos.


El filósofo Viktor Frankl, en su obra El hombre en busca de sentido, plantea que la búsqueda de sentido es la motivación más profunda del ser humano.
No algo accesorio.
Algo central.


Desde otra tradición, Maimónides, uno de los grandes pensadores del judaísmo, reflexiona en Guía de los Perplejos sobre la relación entre el ser humano, la razón y lo divino, mostrando que la búsqueda espiritual no es ajena al pensamiento, sino parte de él.


En el ámbito del cristianismo, Santo Tomás de Aquino desarrolló la idea de que el ser humano tiende naturalmente hacia un fin último, una plenitud que trasciende lo inmediato.


Y en el islam, pensadores como Al-Ghazali exploraron el camino interior como forma de acercamiento a lo divino, poniendo el foco en la transformación personal más que en la imposición externa.


Distintas miradas.
Distintos contextos.

Pero una inquietud que se repite.

Ahora bien, más allá de lo que otros pensaron…

¿qué hacemos nosotros con eso?


¿Existe un solo D’os…
que cada uno entiende de una manera distinta?


¿Vinimos con un propósito…
o lo construimos con nuestras decisiones?


¿Lo que nos pasa tiene un sentido…
o somos nosotros los que se lo damos?


¿Hasta dónde llega el destino…
y dónde empieza el libre albedrío?


Cada uno debe buscar en algún momento de su vida una respuesta para todo eso.

Pero tampoco creo que sea necesario tenerla.


Pero sí hay algo que, al menos para mí, hace sentido.


Que existe un único D’os.

No como una idea que se impone,
sino como una presencia que cada uno comprende
desde su propia experiencia.


No como verdad absoluta que excluye,
sino como un punto de encuentro posible,
incluso entre quienes creen distinto.


“Escuchá Israel, el Señor es nuestro D’os, el Señor es uno.”

El Shemá Israel ha sido interpretado de muchas maneras a lo largo del tiempo.

No como una imposición sobre otros,
sino como una afirmación vivida desde adentro.


Quizás no se trata de imponer una mirada sobre otra.

Ni de convencer.


Quizás se trata de algo más simple, y a la vez más difícil:

Sostener lo que cada uno cree
sin necesidad de que el otro piense igual.

Aceptar que cada persona, desde su historia,
su cultura y su experiencia,
va a recorrer un camino distinto.

Y que pensar diferente no debería alejarnos.

Debería, en todo caso, invitarnos a comprender más.


Reflexión final

Si realmente existe un propósito,
no parece algo que se imponga desde afuera.

No llega como una certeza absoluta.
Ni como una respuesta cerrada.


Aparece —si aparece— en la forma en la que vivimos.
En las decisiones que tomamos.
En cómo interpretamos lo que nos pasa.

Tal vez nada de lo que ocurre es porque sí.
O tal vez somos nosotros los que, con el tiempo,
le damos sentido.

Pero hay algo que parece claro:

El camino no es igual para todos.

Y quizás ahí no hay un problema.
Sino una señal.


La señal de que la búsqueda es personal.
De que el sentido no se impone.
Y de que el verdadero desafío
no es pensar igual…

sino poder convivir con lo distinto
sin dejar de preguntarnos.

Si ese espacio existe,
entonces tal vez…

el propósito no sea que todos pensemos igual,

sino que cada uno pueda descubrir el suyo
sin perder el respeto por el camino del otro.

jueves, 23 de abril de 2026

LA TRAMPA INVISIBLE DE LA INTELIENCIA ARTIFICIAL:CUANDO LA HERRAMIENTA EMPIEZA A PENSAR POR VOS



La inteligencia artificial no es el problema. El problema es lo que pasa cuando dejamos de hacer el esfuerzo que nos construye.


 Introducción

Uso inteligencia artificial todos los días.

Para escribir.
Para ordenar ideas.
Para pensar mejor.

Y sí… también para crear este artículo.

Pero hay algo que cada vez me incomoda más.

No es la herramienta.
Es lo que está empezando a pasar con nosotros.


Cuando pensar deja de ser necesario

La inteligencia artificial nació como un atajo.

Y como todo atajo… si lo usás demasiado, te olvidás del camino.

Antes, para escribir, tenías que pensar.
Ahora, podés escribir sin hacerlo.

Antes, para resolver un problema, tenías que frustrarte.
Ahora, podés evitar ese proceso.

Y ahí aparece el riesgo.

Porque no es solo comodidad.
Es delegar lo más importante: el esfuerzo mental.


La ilusión de productividad

Hoy hacemos más en menos tiempo.

Eso es real.

Pero no necesariamente estamos desarrollando más capacidad.

La IA acelera resultados…
pero puede frenar procesos internos.

Pensar, conectar ideas, equivocarse, volver a intentar.

Todo eso que forma criterio.

Sin ese proceso, el resultado puede parecer bueno…
pero es superficial.


Dependencia silenciosa

Nadie se vuelve dependiente de un día para el otro.

Es progresivo.

Primero la usás como apoyo.
Después como solución.
Y sin darte cuenta… como sustituto.

Hasta que aparece una pregunta incómoda:

¿Podrías hacer esto sin la herramienta?

Si la respuesta es no… hay algo que revisar.


Creatividad en riesgo

La creatividad no nace de respuestas rápidas.

Nace del conflicto, del vacío, del no saber.

Pero la inteligencia artificial elimina ese vacío.

Te da ideas.
Te sugiere caminos.
Te arma estructuras.

Y eso es útil.

Pero también puede volverte predecible.

Porque si todos usamos la misma herramienta…
¿cuánto de lo que creamos es realmente propio?


El escenario que nadie quiere pensar

¿Qué pasa si un día no está?

Si se cae el sistema.
Si deja de ser gratuito.
Si solo acceden algunos.

No es paranoia.

Es entender que estamos construyendo habilidades…
sobre algo que no controlamos.

Y eso siempre tiene un costo.


Lo que dicen algunos expertos


Lo que dicen algunos expertos

No es solo una sensación.

Hay señales claras.

  • Un estudio educativo mostró que el 74% de docentes percibe una disminución en la creatividad cuando el uso de IA es excesivo, y un 68% detecta menor capacidad de resolver problemas por cuenta propia  
  • Investigaciones recientes advierten que el uso constante de IA puede afectar memoria, pensamiento crítico y aprendizaje autónomo, especialmente cuando se reemplaza el esfuerzo mental  
  • Algunos especialistas hablan incluso de “rendición cognitiva”: confiar tanto en la herramienta que dejamos de cuestionar y pensar por nosotros mismos 

No es solo una sensación.

Hay señales claras.

Algunos estudios en educación muestran que el uso excesivo de inteligencia artificial puede afectar la creatividad y la capacidad de resolver problemas de forma autónoma.

Investigaciones recientes también advierten sobre posibles impactos en la memoria y el pensamiento crítico cuando se reemplaza el esfuerzo mental de forma constante.

Incluso hay especialistas que hablan de “rendición cognitiva”: el momento en el que dejamos de cuestionar porque confiamos demasiado en la herramienta.


Mi opinión

La inteligencia artificial no es el problema.

El problema es cómo la usamos.

Puede potenciarte…
o puede reemplazarte.

Puede hacerte más rápido…
o más dependiente.

La diferencia no está en la tecnología.

Está en tu criterio.

Yo la uso. Mucho.

Pero intento algo simple:

Que me ayude a pensar mejor…
no a pensar menos.

Porque el día que dejemos de hacer el esfuerzo…
no vamos a perder la herramienta.

Nos vamos a perder a nosotros.




Cierre

La inteligencia artificial no vino a destruir al ser humano.

Pero sí vino a ponerlo a prueba.

Nunca fue tan fácil hacer…
sin saber.

Nunca fue tan rápido crear…
sin entender.

Y eso tiene un precio.

No inmediato.
Pero sí inevitable.

Porque cuando delegás el esfuerzo,
no solo ganás tiempo.

También perdés proceso.

Y en ese proceso es donde se construye todo lo que después decís que “sos”.

La diferencia no la va a marcar la tecnología.

La va a marcar quién decide seguir pensando…
aunque tenga la respuesta en un clic.

Porque la inteligencia artificial puede escribir por vos,
ordenarte,
resolverte cosas.

Pero hay algo que no puede hacer.

No puede vivir por vos.
No puede equivocarse por vos.
No puede construir criterio por vos.

Y sin eso…

no hay crecimiento real.

El riesgo no es que la IA avance.

El riesgo es que nosotros retrocedamos sin darnos cuenta.

Que nos acostumbremos a no intentar.
A no cuestionar.
A no pensar.

Porque es más fácil.

Pero lo fácil… rara vez te construye.

Por eso, el punto no es dejar de usarla.

El punto es no dejar de usarte.

Porque el día que la herramienta falle…
o no esté…

la única ventaja real que vas a tener
es lo que seas capaz de hacer sin ella.

Y eso…
no se improvisa.


martes, 21 de abril de 2026

CUANDO LAS COSAS NO SALEN COMO ESTABAN PLANIFICADAS

 


Cuando las cosas no salen como estaban planificadas

Sentís que venís haciendo todo bien.
Ordenás, avanzás, construís… y cuando finalmente algo empieza a moverse, se traba.

Eso fue lo que me pasó.

Cuando empezaron a llegar las primeras ventas del ebook, surgió un problema con la plataforma… y no pude cobrar como correspondía.

Y ahí aparece algo que no se ve en redes:
la frustración real.

Porque no es solo “un inconveniente técnico”.
Es la sensación de que todo el esfuerzo no está dando resultado.

En ese momento tenés dos opciones:

o lo tomás como una señal para frenar,
o entendés que es parte del proceso y ajustás.

No romantizo esto.

Molesta.
Te hace dudar.
Te hace replantearte todo.

Pero también te muestra algo importante:
si lo que estás haciendo tiene sentido para vos… no lo soltás tan fácil.

Por eso no lo dejé.

No porque “hay que insistir” como frase motivacional vacía,
sino porque sé lo que hay detrás de ese ebook.

No es teoría.

Es un proceso real: una separación, decisiones difíciles, momentos donde no sabía para dónde ir y la necesidad de ordenar lo que me pasaba para no tomar decisiones desde el caos.

De ahí sale lo que hoy comparto.

Una forma de pensar y actuar cuando estás en un momento complicado y necesitás claridad.

Por eso, cuando apareció el problema, no lo viví como un final.

Lo tomé como lo que era:
un obstáculo concreto que necesitaba una solución concreta.

Saqué la plataforma.
Busqué una alternativa.
Simplifiqué el acceso.

Eso no frenó el proceso.
Ajusté la forma… y las personas siguieron llegando.

Hoy el ebook se consigue de forma directa.
Y también en formato impreso para el que lo quiere tener, marcarlo, volver a leerlo.

No es mejor ni peor que antes.
Es distinto.

Pero sigue cumpliendo el mismo objetivo.

Y eso es lo que importa.

Porque hay algo que es clave entender:

si cada vez que algo falla frenás, no avanzás nunca.
pero si cada vez que algo falla ajustás, el camino sigue.

Sin vueltas.

Si estás pasando por un momento donde algo no salió como esperabas, no te preguntes solo “por qué pasó”.

Preguntate:

👉 ¿qué hago ahora con esto?

Porque ahí está la diferencia.

No en el problema.
En la respuesta.

Y cierro con esto:

El problema no es cuando algo no sale… es cuando vos dejás de moverte.

domingo, 19 de abril de 2026

AGRADECER ANTES DE PERDER


Agradecer antes de perder Positivossiempre


Agradecer antes de perder: el hábito que cambia lo que ves, lo que sentís y lo que atraés

Agradecer no es una frase linda para cerrar el día. No es una moda ni un gesto espiritual vacío. Es una práctica concreta que modifica la forma en la que percibís tu realidad y, en consecuencia, las decisiones que tomás dentro de ella. Lo incómodo es esto: la mayoría de las personas recién agradece cuando pierde. Antes de eso, vive en automático, normalizando lo que tiene como si fuera permanente.

Y nada lo es.

Lo humano y lo material comparten una regla que no solemos aceptar: su valor real aparece cuando deja de estar disponible. Una persona, una relación, la salud, el tiempo, un ingreso, una oportunidad. Todo eso que hoy está, mañana puede no estar. Y no es una frase dramática, es un hecho.

Y esto no lo digo desde un lugar teórico.

A mí me pasó muchas veces. No una. Muchas.

Relaciones que di por seguras. Momentos que pensé que se iban a repetir. Personas que creí que iban a seguir estando. Y no agradecí. No lo dije. No lo demostré. No lo registré.

Hasta que no estuvieron más.

Y ahí apareció algo que no se negocia: el arrepentimiento. Ese momento en el que entendés el valor real de lo que tenías… pero ya es tarde para actuar distinto.

Entonces la pregunta incómoda es inevitable:
¿Por qué esperás a perder para reconocer el valor de lo que ya tenías?

Porque la mente se acostumbra. Porque lo cotidiano anestesia. Porque el cerebro deja de registrar como “valioso” aquello que ya no representa un desafío o una amenaza. Y ahí empieza el problema: lo importante se vuelve invisible.

No agradecer no es neutral. Tiene consecuencias.

Cuando no reconocés lo que tenés, operás desde la carencia. Desde la sensación de que falta algo. Y cuando operás desde ahí, elegís peor, exigís desde el vacío, y muchas veces destruís lo que ya estaba funcionando porque no lo supiste ver a tiempo.

Esto no es filosofía. Es comportamiento.

Las personas que no agradecen suelen caer en dos patrones:

Primero, la insatisfacción constante. Siempre falta algo. Nunca alcanza. Nada es suficiente. Ni la pareja, ni el trabajo, ni el dinero, ni el momento.
Segundo, la pérdida repetida. Porque lo que no se cuida, se desgasta. Y lo que no se valora, se reemplaza o se va.

Agradecer no es resignarse. No es conformarse. Es reconocer. Y desde ese reconocimiento, construir mejor.

Porque hay otra cara de esto que también es incómoda:
no todo lo que perdiste fue mala suerte. Muchas cosas se fueron porque no las valoraste cuando estaban.

Y eso duele.

Pero también ordena.

Agradecer cambia el foco. Te saca del “me falta” y te pone en el “esto lo tengo”. Y eso no es menor. Porque cuando cambiás el foco, cambia tu comportamiento.

Una persona que agradece:

  • Cuida más sus vínculos
  • Respeta más su tiempo
  • Administra mejor su dinero
  • Toma decisiones con más claridad
  • Exige menos desde el vacío y más desde el valor

No es magia. Es coherencia.

Y sí, hay algo más que incomoda todavía más:
agradecer multiplica. No hacerlo atrae carencia.

No es una frase vacía. Está estudiado desde la psicología y el comportamiento humano. El cerebro funciona por sesgos. Si entrenás tu mente para ver lo que falta, vas a encontrar más falta. Si la entrenás para reconocer lo que hay, vas a detectar oportunidades donde antes veías limitaciones.

No cambia la realidad externa de inmediato. Cambia cómo interactuás con ella. Y eso, con el tiempo, cambia resultados.

Ahora bien, bajemos esto a lo concreto.

¿Agradecés a las personas que están hoy en tu vida o asumís que van a seguir ahí?
¿Cuidás lo que tenés o lo das por hecho?
¿Valorás tu cuerpo mientras funciona o solo te acordás cuando falla?
¿Sos consciente del nivel de vida que tenés o vivís comparándote con lo que te falta?

No son preguntas cómodas. Pero son necesarias.

Porque el problema no es no tener. El problema es no ver.

Hay personas que tienen mucho y viven en carencia. Y otras que tienen menos, pero viven en abundancia. La diferencia no está solo en lo que poseen, sino en cómo lo perciben y cómo lo administran emocionalmente.

Y esto aplica también a lo material, aunque a muchos no les guste.

Agradecer el dinero que entra, aunque no sea el ideal.
Agradecer el trabajo que hoy te sostiene, aunque no sea el definitivo.
Agradecer lo que podés comprar, aunque no sea todo lo que querés.

Porque desde ahí construís. Desde la queja, te estancás.

No se trata de romantizar la falta. Se trata de no destruir lo que sí está.

Otro punto clave: agradecer no es algo que “sentís”, es algo que entrenás.

No siempre vas a tener ganas. No siempre va a ser natural. Pero si no lo hacés de forma consciente, volvés al piloto automático. Y el piloto automático, en la mayoría de las personas, está programado para la insatisfacción.

Por eso, la práctica es simple pero potente:

  • Nombrar lo que sí tenés
  • Reconocer lo que funciona
  • Decirlo, no solo pensarlo
  • Actuar en consecuencia

Porque agradecer sin acción también es incoherente. No sirve decir “valoro esto” y después descuidarlo.

Y acá aparece otra pregunta incómoda:
¿Qué estás tratando como permanente que en realidad es temporal?

Esa relación que hoy está.
Ese vínculo que das por seguro.
Ese ingreso que creés estable.
Esa salud que no cuidás.

Todo eso puede cambiar. Y cuando cambia, ya es tarde para agradecer como corresponde.

Agradecer no evita la pérdida. Pero cambia cómo vivís mientras las cosas están.

Y eso es todo.

No se trata de volverse positivo todo el tiempo. Se trata de ser consciente. De no vivir distraído. De no necesitar perder para entender.

Porque cuando entendés antes, elegís mejor. Y cuando elegís mejor, perdés menos.

Frase final:

Agradecé hoy. Mañana puede ser tarde… y eso ya lo sabés.